Nos enfrentamos a una evolución en la manera en que nos comunicamos. La sociedad conectada permite un flujo ininterrumpido de la comunicación, en donde el consumo simultaneo y secuenciado de contenido relacionado e interconectado, configuran los estándares de la actual comunicación interactiva.

El espacio natural del diseño es la comunicación, y este espacio hace tiempo que no está limitado a soportes de la gráfica estática y bidimensional. Los avances tecnológicos en plataformas digitales, redes sociales y tecnologías móviles, junto a servicios en la nube (cloud computing), la descarga continua (streaming) y el consumo bajo demanda (on-demand), permiten a cualquiera con conexión a internet y dispositivos adecuados poder acceder a contenidos y mensajes dinámicos en cualquier momento y lugar.

Por otro lado, la participación proactiva de los usuarios, lo transforman en un co-creador o prosumidor (productor-consumidor) de contenidos, lo que junto a prácticas fuertemente contextualizadas e inmersivas en distintos niveles, producen experiencias cada vez más subjetivas y personalizadas.

Actualmente se desarrollan contenidos digitales multimedia para ser desplegados en soportes tales como pantallas de distinto tamaño, tótems, quioscos, mobiliario urbano, vía pública, zonas de tránsito, puntos de venta, ambientes corporativos, espacio personal y objetos cotidianos, lo que configura la digitalización del mundo físico y los espacios de relaciones, dando forma a una experiencia multipantalla y multiplataforma que une los espacios físicos y los virtuales.

El desarrollo de contenidos para este espacio de interconexión digital requiere de habilidades propias del diseño gráfico y la comunicación visual, pero necesitan ser ampliadas al ámbito de las lógicas interactivas: conceptos como experiencia de usuario, arquitectura de información, diseño de interacción, usabilidad, accesibilidad, diseño de interfaces y diseño front-end deben ser dominados por el actual profesional del diseño.